Por Laura Aline Pérez — Consultora e Instructora Holística
El tercer Orden del Amor explica por qué los que más dan son los que terminan más solos.
En toda oficina, en toda familia y en todo grupo de amigos hay alguien que siempre pone de más. Es quien organiza la posada, quien presta dinero, quien recoge a los sobrinos, quien resuelve lo que nadie quiso resolver. Se le describe como la persona más generosa del grupo y suele ser también la más cansada.
"Yo siempre soy la que da y nadie me devuelve nada." "Con mis papás nunca voy a estar a mano." Las dos frases apuntan al mismo lugar, aunque parezcan quejas distintas: una cuenta que quedó abierta y que se cobra en el humor de todos los días.
La cuenta que sí se puede saldar
El tercer Orden del Amor dice que los vínculos se sostienen por el intercambio. Entre iguales —la pareja, la amistad, los socios— la compensación es simétrica: uno da, el otro devuelve y agrega un poco más, el primero responde a ese excedente y la relación crece por esa vía. Ahí está el mecanismo completo de una pareja que dura veinte años sin apagarse.
El desequilibrio rompe ese vínculo por los dos lados. Dar de más agota a quien da y lo llena de un reclamo silencioso que termina saliendo en cualquier discusión de martes. Recibir de más asfixia a quien recibe y le genera una culpa que solo se alivia alejándose. El que se cansó de dar y el que se fue sin explicar suelen ser la misma historia contada desde dos sillas.
Los que nunca piden nada
Hay quienes encontraron la manera de nunca pedir ayuda ni apoyo a nadie, y en la ciudad se les aplaude por eso. Resuelven todo solos, no piden favores, se incomodan cuando alguien les regala algo y devuelven el detalle esa misma semana para quedar en ceros.
Detrás de esa autosuficiencia suele haber una separación temprana de la madre, real o emocional, y una conclusión infantil que se quedó fija: pedir no sirve. El adulto que la sostiene tiene una vida ordenada por fuera y muy pocos vínculos donde de verdad esté descansando.
La deuda que no se paga hacia atrás
Con los padres la cuenta funciona distinto, y ahí empieza la confusión. Ellos dieron la vida y los hijos la tomaron. Ese intercambio es asimétrico por naturaleza y ningún hijo puede devolver el equivalente de una vida, por mucho que se esfuerce.
Intentarlo de todas formas produce a los hijos que sostienen económicamente a sus padres hasta arruinarse, que renuncian a mudarse de ciudad, que aplazan formar una familia propia o que se quedan atorados en una carrera que nunca eligieron. El desgaste sostenido pasa factura y el cuerpo suele avisar antes que la cabeza. Esa deuda solo se salda hacia adelante: en los hijos, en el trabajo, en los alumnos, en lo que se construye.
El desgaste sostenido pasa factura y el cuerpo suele avisar antes que la cabeza.
Un caso
Claudia, gerente de banco de 39 años, llegó por un agotamiento que ya le duraba dos años. Pagaba la hipoteca de la casa de sus padres, las colegiaturas de dos sobrinos y resolvía cada emergencia de sus hermanos. Al hacer las cuentas en voz alta apareció que la única persona que nunca estaba en la lista de quién recibe era ella.
Su vida de pareja llevaba el mismo sello y nunca lo había ligado con lo demás: tres relaciones largas, en las tres se fue el otro y en dos hubo infidelidad hacia ella. Al revisar esas historias se dio cuenta de que ella ponía todo en cada relación: la casa, el dinero, los trámites, las disculpas por él ante su familia. Claudia lo dijo esa tarde con sus palabras: había dado tanto que sus parejas quedaban debiéndole más de lo que podían pagarle, y ninguno supo saldar esa deuda; en su inconsciente lo mejor era marcharse.
Con esto se completan los tres Órdenes del Amor: pertenecer, ocupar el lugar que toca por orden de llegada, y dar y tomar en la medida de cada vínculo. El artículo que cierra la serie trata de lo otro, que es lo que casi siempre se pregunta al final de una consulta: qué se hace con todo esto.
¿En qué relación de tu vida llevas años poniendo de más, y qué crees que estarías pagando si dejaras de hacerlo?
Cuando esa pregunta empiece a incomodar, una consulta holística es un buen lugar donde llevarla.
Nota: los nombres, edades y profesiones de los casos referidos han sido modificados para proteger la identidad y la confidencialidad de las personas que acuden a consulta.
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